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TRADUCCIÓN TEÓRICAINGLÉS → ESPAÑOL

La máquina de imágenes

Traducción al español de un texto de Félix Guattari sobre la producción de subjetividad, la transformación de la experiencia cinematográfica y televisiva, y las posibilidades de reapropiación de las imágenes en la era digital.

Texto de Félix Guattari · Traducción al español de Oliver Ferran

CRÍTICA ACELERADALABORATORIO DE ESTUDIOS CRÍTICOSIDIOMA: ES

Sobre el autor

Félix Guattari fue un psicoanalista, filósofo, semiólogo, activista y guionista francés. Fundó el esquizoanálisis y la ecosofía. Su obra es ampliamente conocida por la colaboración intelectual con Gilles Deleuze, de la que surgieron Anti-Edipo y Mil mesetas, los dos volúmenes que conforman Capitalismo y esquizofrenia.


La máquina de imágenes 1

Félix Guattari

La forma fílmica ocupa un lugar cada vez más importante en la producción de la subjetividad individual y colectiva, en gran medida gracias a la televisión. Entre el cine y la televisión se despliega todo un campo de interacciones. El cine tiende a quedar absorbido por una temporalidad televisiva que denomino temporalidad del videoclip. Hay una especie de estribillo temporal, un fragmento de tiempo que, a mi juicio, está profundamente condicionado por el consumo televisivo. Esta fórmula temporal del cine tiene algo de misterioso: deriva de la televisión y, al mismo tiempo, ha influido en las formas de consumo televisivo.

Este tipo de narración, que en Estados Unidos se fragmenta para dar cabida a las pausas publicitarias, posee cierta estructura holográfica, pues debe poder retomarse en cualquier momento. Uno tiene que poder apartar la mirada, retirar algo del fuego y volver después a la pantalla sin perder el hilo. Esta estructura narrativa es el resultado de una evolución que también afecta a la escritura de los guiones. La idea del suspense como desenlace culminante hacia el que convergen todos los elementos de la película —el paradigma hitchcockiano— debe ceder ante una forma de consumo más plana.

Esta producción de subjetividad no modifica tanto el contenido narrativo como la estructura de la imagen-tiempo, por emplear la expresión de Deleuze, en los planos perceptivo, existencial y sugestivo. El cine constituye uno de los componentes del complejo fenómeno de la recepción televisiva. Debe desempeñar un papel importante en esa constelación, pero sin ocupar una posición dominante, pues en ella intervienen muchos otros elementos: los informativos, las previsiones meteorológicas, los deportes, los concursos y la familiaridad que nos inspiran los presentadores de noticias. Las películas y las series televisivas funcionan como polos de desconexión que, sin duda, refuerzan el carácter algo hipnótico del consumo televisivo y suscitan una disposición transferencial.

También aquí se observa una evolución que conduce progresivamente a una relación casi psicótica, infantilizante y regresiva. Por desgracia, mis obligaciones profesionales me dejan poco tiempo para ir al cine; de no ser así, preferiría, desde luego, ver las películas en una sala. Tengo la impresión de que ver cine por televisión ha perdido valor. El contexto, demasiado familiar, distorsiona sus efectos. En televisión estamos acostumbrados a verlo prácticamente todo. Hasta las obras de calidad quedan contaminadas por esa mediocridad generalizada.

Me gustan mucho Cassavetes, David Lynch y Ridley Scott… En la obra de Cassavetes hay una especie de virtuosismo en la relación con el otro, sin titubeos en el uso de los recursos técnicos. Algo parecido sucede en la obra de Henry Miller: un enfrentamiento directo, casi frontal, con el otro; una confrontación, una presencia contundente que revela algo que el cine tiene al alcance de la mano, pero que tendemos a olvidar. Y lo olvidamos porque se ha impuesto un enfoque obsesivo, cauteloso y excesivamente tecnificado. David Lynch, sobre todo en Eraserhead, también ha abordado la psicosis de una manera verdaderamente extraordinaria. Considero que Eraserhead es la mejor película sobre la psicosis, junto con Las manos en los bolsillos, de Marco Bellocchio. Son dos referentes de una fuerza abrumadora.

No sé por qué relaciono todo esto con Blade Runner. La he visto incontables veces. Una vez me alojaba en un hotel de Japón donde la película se emitía por el canal de televisión de la habitación. Cada vez que volvía, veía un fragmento. Me la sé de memoria. De hecho, ver una y otra vez la misma película es una especie de prueba: la película se resiste. Tengo la impresión de que también hay algo relacionado con la psicosis en ella.

Depardon tiene un talento extraordinario para aproximarse a la miseria psiquiátrica e internarse en ella. Lo que más me impresionó de Urgences fue la astucia de los interlocutores: esa especie de buena conciencia, esa convicción de estar haciendo exactamente lo que hay que hacer, que desemboca en situaciones completamente extravagantes, como celebrar sesiones de psicoterapia con personas atadas a una silla. Sin embargo, Depardon parece haber sido muy selectivo. Solo utilizó imágenes para las que contaba con el consentimiento de los protagonistas, aunque disponía de mucho más material que podría haber mostrado.

Cuando Saddam Hussein emitió siete minutos de imágenes de Bush por la televisión iraquí, pretendía demostrar que le importaban un comino las repercusiones que aquello pudiera tener en la opinión pública de Irak. Estaba convencido de que no tendría ninguna. Se trata de un gesto muy ambiguo. Por un lado, sentía que debía hacerlo o, al menos, consideraba astuto mostrar a Bush en televisión. Creo que lo hizo pensando, ante todo, en la opinión pública estadounidense. Al mismo tiempo, demostró que el asunto le era indiferente. Interpreto este gesto como un indicio de los comienzos de una era posmediática.

Creo que el poder cautivador y dominante del consumo televisivo acabará por implosionar. Esto se debe, en primer lugar, a la evolución de los equipos, la proliferación de canales y la interacción entre la televisión, las computadoras y la telemática. También influye el hecho de que las pantallas digitales nos permitirán utilizar un mismo dispositivo para la computadora y la televisión. Dejaremos atrás el zapeo para entrar en un entorno de programación generalizado, que abrirá la posibilidad de reapropiarnos de la programación. Podremos pasar indistintamente de un canal de televisión a una emisora de cable, consultar una base de datos, trabajar en un proyecto personal o desarrollar uno interactivo.

Para mí, esta dimensión dominante de la televisión es puramente transitoria. No se trata solo de la evolución tecnológica, sino también de que el público se está volviendo insensible a lo que consume. Estamos preparados para toda clase de excesos y manipulaciones, cuyo impacto, a mi juicio, es menor que el que quizá tuvieron en otras épocas. Le Bébête Show expresa esta transición hacia una sensibilidad posmediática 2.

Todo esto tiene algo de irrisorio. Las imágenes se vuelven cada vez más insípidas. Me parece que avanzamos hacia una imagen cada vez menos representativa y más manipulada, aunque no en un sentido peyorativo. Hoy, la manipulación se entiende como un truco, como détournement. Pensemos, sin embargo, en la imagen fotográfica procesada por computadora: ha transformado por completo nuestra relación con el referente. Podemos invertir la posición de las figuras, modificar la perspectiva, colorear las imágenes… Hablo de fotografía digital, pero el propio acontecimiento también se digitaliza. Se orquesta una maniobra, con asesores de comunicación y consejeros de toda clase. ¿Debe el presidente Bush interrumpir sus vacaciones o no? Todo forma parte de una puesta en escena calculada. No creo que debamos adoptar una actitud sentimental al respecto. Esa es, sencillamente, la situación en la que nos encontramos. En última instancia, podremos superar el problema llevando esta lógica aún más lejos, en lugar de añorar una supuesta pureza de la imagen o del acontecimiento.

A partir de ahora, todo converge hacia una sofisticación de la performance, entendida en el sentido de la práctica poética contemporánea. ¿Por qué no? El problema es que los actores, sobre todo los políticos, todavía tienen mucho que aprender y mucho trabajo por delante. No son buenos performers.

A mi juicio, pertenecemos a una generación sacrificada. Somos las últimas generaciones aturdidas por la televisión. Se producirá una reapropiación generalizada de la imagen y de los datos maquínicos. Todo esto podría suceder mucho más rápido de lo que imaginamos. ¿Se dan cuenta de lo que supondrá para los niños poder codificar todo lo que leen y piensan, acceder a bases de datos, componer sus propios programas a partir de bancos de imágenes y comunicarse internacionalmente en el marco de una nueva forma de sociabilidad? Se abre ante nosotros un horizonte computacional prodigioso. Sin embargo, seguimos anclados en una situación arqueológica, con equipos que todavía no están a la altura de las transformaciones ni de las posibilidades que esta situación ofrece.

La imagen se descentra y deja de situarse en el sujeto: se encarna en un campo simbólico. Este descentramiento no se limita a los dispositivos que podemos localizar en el tiempo y el espacio; afecta también al ámbito del conocimiento y la percepción. Las imágenes forman parte de la cognición contemporánea. El pensamiento computacional y la asistencia informática generan nuevos esquemas. Me parece que Godard intuyó algo de todo esto y supo señalar ese cambio de perspectiva. Mostró que la imagen no servía únicamente para contar historias fantásticas, sino que podía estar en el origen de sistemas de modelización, de afectos y sensibilidades, así como de formas de pensamiento y percepción cognitiva.

Asistimos, pues, al final de una época del cine, pero surgirán otras vías. La industria cinematográfica sigue teniendo un peso considerable, desde luego, pero ¿quién sabe si estos mastodontes no acabarán desapareciendo, como los dinosaurios en otras épocas? Ya hemos visto cómo se desmantelaban complejos industriales, minas de carbón y acerías. Quizá todos estos espantajos sean mucho más frágiles de lo que pensamos.

1990


Fuente de la traducción

Traducción al español realizada por Oliver Ferran a partir de la versión inglesa de The Image Machine, traducida del francés por Ethan Spigland y publicada en e-flux.


Footnotes

  1. El texto se publicó originalmente con el título La machine à images en Cahiers du Cinéma, núm. 437 (noviembre de 1990), pp. 71-72. Ethan Spigland lo tradujo al inglés para Film Notes. ↩

  2. Le Bébête Show fue un programa satírico francés de títeres, emitido por TF1 entre 1982 y 1995, que parodiaba a figuras políticas francesas y acontecimientos de actualidad. Se inspiraba libremente en The Muppet Show. ↩