Dossier del Nodo de co-agenciamiento
Diego Giménez Vila (Daga) es doctorando en Filosofía por la Universidad de Valencia, España. Es creador del canal de YouTube Indagando, un espacio en el que comparte análisis, reflexiones y comentarios sobre las lecturas que acompañan su proceso de formación e investigación. Su trabajo se caracteriza por una defensa del eclecticismo y la libertad de pensamiento, entendidos como herramientas fundamentales frente al dogmatismo y como vías para una búsqueda abierta de sentido.
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Nota del autor
El siguiente texto se inscribe en un enfoque y metodología interdisciplinar que pretendo desarrollar más detalladamente en mi investigación de tesis doctoral. Un proyecto que se enmarca en diferentes campos de investigación, especialmente en ontología, economía, cibernética, sociología y filosofía de la tecnología como ejes centrales para elaborar una perspectiva renovadora que trate de reflexionar acerca del sistema socioeconómico en el que nos encontramos.
1. ENFOQUE ONTOLÓGICO-ECONÓMICO PARA ANALIZAR EL REALISMO CAPITALISTA
Llegados a este punto, hemos podido trazar un recorrido a través de la problemática que tratamos de mostrar. Sin embargo, todavía no hemos reparado profundamente en el núcleo de la cuestión, ya que hasta el momento nos hemos centrado en comprender el problema que nos atañe y hacer una crítica de las presuntas “soluciones” que envuelven nuestro contexto histórico. Podría parecer que durante este momento nuestro enfoque político es ambiguo. Para que salgamos de dudas, sí, lo es. Pero porque nuestro mayor interés al hacer este análisis no es encajarnos en un ala del espectro político, ni tampoco buscar una solución al capitalismo. Es más, eso sería contradictorio con respecto a las tesis que estamos mostrando, ya que revelaría una vez más la ignorancia acerca de la naturaleza del capitalismo. Tampoco pretendemos presentar un programa político ni moral acerca del capitalismo, nuestro enfoque pretende ser empírico y trascendental. Creemos que el capitalismo, en su multiplicidad y diversidad de enfoques, adolece de no ser tratado suficientemente a partir de una perspectiva ontológica. Muchas veces, ya sea por intereses políticos o económicos, el capitalismo es tratado a partir de una crítica descarnada o una apología económica.
Nosotros no queremos formar parte de eso. Que de nuestro enfoque puedan deducirse consecuencias políticas no implica que nuestro análisis pretenda ser político o moral. Eso lo dejamos a merced de cada uno, que haga lo que desee con nuestra propuesta y las ideas que trasladamos. Realmente aquello que nos mueve a comprender el capitalismo es la fascinación inevitable que desprende su funcionamiento1. Una máquina abstracta de automatismos que funciona inquietantemente bien2, un proceso que parece ir más allá de nuestro control pero que a su vez depende de nuestras dinámicas individuales para sostenerse día tras día. En realidad, la urgencia de nuestra propuesta proviene de dos frentes: 1) La miopía de las perspectivas de izquierda en relación al aspecto económico del capitalismo y su tendencia a la crítica acrítica del alcance y funcionamiento del sistema.3 2) El reduccionismo economicista o la ausencia y desinterés por parte de las perspectivas liberales —es decir, perspectivas de derecha económica— con respecto a la ontología en relación al capitalismo.4
Es decir, el matrimonio imposible entre la izquierda y la derecha lo vemos posible siempre que sepan respetarse mutuamente, hay concesiones que deben hacerse para poder comprender el capitalismo más allá de sus sesgos. Por un lado, la izquierda debe comprender que el capitalismo es ante todo un sistema económico, aunque su despliegue afecte a otros regímenes. Esto resulta relevante decirlo porque muchos de los críticos del capitalismo siguen anclados en la economía marxista con el fin de justificar su repugnancia hacia el capitalismo. Al fin y al cabo, la economía marxista es para la economía actual lo que es la alquimia para la química contemporánea.
Cualquier propuesta que trate de comprender el capitalismo, debe revisar su repulsión a la economía y no verla como algo meramente crematístico, porque la realidad es que lejos de esos prejuicios la economía implica muchas más cosas que “el dinero por el dinero”. Por el otro lado, la derecha económica, absorta en su desinterés hacia los movimientos sociales o movida por la inercia sistémica de no plantearse más allá de interpretar la realidad económica desde las lentes de la economía fría y cientificista, olvida y desatiende que el capitalismo no es meramente gestión y asignación de recursos escasos.
El capitalismo, y la economía, implican a los seres humanos y sus acciones en todo momento. De modo que obviar o desatender la faceta ontológica relativa al modo de ser y de actuar del capitalismo es eliminar el sentido de aquello que rebasa e implica a la teoría económica. En realidad, se asume acríticamente que la economía se cierra sobre sí misma y termina, cuando justamente el problema ontológico fundamental del capitalismo es que donde termina la economía empieza la ontología y viceversa. Steven Shaviro, con similitud a lo que decimos, expresa lo siguiente:
La política, la ética, la epistemología e incluso la ontología, todas están sujetas a una ‘determinación en última instancia’ por las fuerzas y relaciones de producción. O mejor, si la ontología no está del todo así determinada, es precisamente en la medida en que la ontología es ella misma fundamentalmente estética” (Shaviro, 2017, p. 167).
Matizando a Shaviro, la ontología no está sujeta a las fuerzas y relaciones de producción, sino que las fuerzas y relaciones de producción están sujetas a la ontología. La ontología precede a la economía y la economía es originalmente ontológica. De este modo, creemos que para comprender de un modo exitoso y omnicomprensivo nuestra realidad social, debemos tratarla desde el prisma ontológico-económico que le compete. Es por ello que nuestra propuesta asume en su seno la ontología en pos de la comprensión del capitalismo, y no la ideología política o el moralismo como el presupuesto analítico para aproximarnos a dicho fenómeno complejo.
Una de las citas y reflexiones más relevantes que nos invitan a pensar el modo que consideramos correcto de comprender el capitalismo, es justamente no comprendiéndolo cómo “El Capitalismo”. En palabras de Deleuze y Guattari, “el capitalismo universal y en sí no existe, el capitalismo está en la encrucijada de todo tipo de formaciones, siempre es por naturaleza, neocapitalismo” (Deleuze y Guattari, 2020, p. 30). Por definición, el capitalismo siempre es neocapitalismo, siempre es modificado y actualizado. El cambio le pertenece, y su modo de ser se realiza en el cambio constante, es un sistema puramente dinámico, no estático.
Cada versión del capitalismo implica un modo distinto de coordinar los agenciamientos que lo sostienen. Hay tantos capitalismos potenciales como modos de ser y expresiones factibles. Es por eso que el capitalismo se adapta a cualquier cultura que se aplique, es un marco del que depende tan solo de la activación de ciertos axiomas para su funcionamiento. Principalmente, y de un modo general, si se dan la propiedad privada, el capital —ya sea por medio de ahorro o deuda, como en el sistema actual—, el trabajo y las instituciones que permitan sostener ciertos mínimos y garantías dentro de la legalidad, entonces se cumplen las condiciones necesarias de toda sociedad capitalista.
Sin embargo, no se limitan solo a estas. Constantes modificaciones, ampliaciones y reformulaciones de proposiciones y axiomas posibilitan, por fuerza, múltiples variaciones que renuevan y expanden sus características, integrando además particularidades adicionales dentro de un marco capitalista global que las conecta a todas. El capitalismo debe entenderse a partir de su pura inmanencia. A diferencia de otros sistemas, el capitalismo opera por medio de una inmanencia que captura todos aquellos flujos que recorren su interior.
Nunca se había visto un sistema tan totalizador a la hora de organizar, crear y distribuir flujos. Sus tentáculos son capaces de alcanzar las partes más insospechadas del planeta, como una mancha de aceite se expande en toda cultura humana. La globalización es una interrelación de flujos capitalistas, es un estadio donde el avance del capitalismo sobre la faz de la tierra ha expandido tanto sus límites nacionales que se replica y reestructura en otros países tejiendo un único mercado supranacional.
En el fondo, la inmanencia del capitalismo deviene a partir de la inmanencia del mercado. Mediante la tecnología los flujos cibernéticos y los flujos de transporte dan acceso e interconectan compradores y vendedores de una forma exponencial nunca antes vista. Las corporaciones se convierten para los ciudadanos en tradiciones extranjeras que son naturalizadas como locales, la homogeneización cultural se despliega como efecto de la inmanencia del capitalismo a través de la transmisión de industrias y consumo de bienes no autóctonos.
Si tanto Deleuze y Guattari como Land fueron tan visionarios a la hora de analizar el capitalismo es por que lo comprenden como un proceso maquínico, como un sustrato que crece y que en su exuberancia es capaz de transformar la realidad hasta niveles inimaginados. El punto del análisis ontológico radica en el análisis de los procesos internos de esta maquinaria, de los engranajes dinámicos que la hacen moverse más allá de los entes concretos de los que trata.
Como Deleuze y Guattari señalaban, el capitalismo es principalmente un sistema que se rige a través de flujos descodificados, de movimientos de desterritorialización y reterritorialización y, por tanto, por la producción de una plusvalía de flujo en la reproducción ilimitada de flujos indeterminados a priori. No importa qué flujo es el que ha creado o ha destruido, no importa en el fondo el cuál, si no importa el cómo lo hace y de qué manera reinventa sus dinámicas trasladando nuevos circuitos de fluctuación y reestructuraciones de su axiomática.
Antes hablamos de cuatro axiomas fundamentales —propiedad privada, capital, trabajo y mínimos institucionales—, sin embargo, estos axiomas no son lo mismo que la axiomática. La axiomática implica más bien la capacidad sistémica de crear nuevos algoritmos de funcionamiento que, sin importar las órdenes particulares que lo sustenten, sean capaces de expandir nuevos cauces y nuevos circuitos conservando el núcleo duro del capitalismo pero, por otro lado, renovando radicalmente el sistema al crear y destruir procesos, o, desterritorializar y territorializar nuevas formas. Expresan irónicamente Deleuze y Guattari:
¡Cuánta flexibilidad en la axiomática del capitalismo, siempre preparado para ensanchar sus propios límites para añadir un axioma a un sistema anteriormente saturado! Usted quiere un axioma para los asalariados, la clase obrera y los sindicatos, veamos pues, y en lo sucesivo la ganancia manará al lado del salario, uno al lado del otro, reflujo y aflujo. Incluso se encontrará un axioma para el lenguaje de los delfines (Deleuze y Guattari, 2010, pp. 383-384).
La cuestión fundamental acerca de los procesos internos del capitalismo radica en los tres aspectos que mencionamos: inmanencia, capacidad de descodificación y desterritorialización —con sus respectivas recodificaciones y reterritorializaciones— y axiomática. Lejos de lo que pueda parecer a primera vista, el poder esencial del capitalismo no se define por el poder del dinero, tampoco por el poder tecnológico, ni tampoco por el poder político que el Estado captura a través de su propio aparato.
En realidad, el poder del capitalismo como sistema radica en su flexibilidad. Es como la cuestión que Heidegger plantea en La pregunta por la técnica, “¿Cómo acontece esto? Ante todo si consideramos lo que esencia en la técnica, en lugar de permanecer embelesados solo en lo técnico. Mientras concibamos la técnica como instrumento, vamos a permanecer apegados a querer dominarla y omitiremos la esencia de la técnica” (Heidegger, 2007, p. 144).
Si reflexionamos el capitalismo instrumentalmente el capitalismo se revela como un sistema de creación de riqueza sin parangón. Si reflexionamos sobre su esencia se nos revela que, a partir de sus procesos, su maquinaria posibilita una capacidad de desocultamiento también sin parangón. Dice Heidegger que la esencia de la técnica es el desocultamiento, en tanto que el desocultamiento implica propiamente el producir.5 En correlación al capitalismo, la flexibilidad sistémica es lo que permite la producción absoluta en materia de todo tipo de campos.
Producción tecnocientífica, económica, social, política y cultural. No es que el capitalismo produzca por sí mismo todo ello, sino que permite establecer las herramientas desterritorializantes que desinhiben la formación de estructuras rígidas, de modo que todo está potencialmente en revisión siempre y cuando el deseo de los sujetos se alinee con ello.
Todo excepto el capitalismo, evidentemente, pero porque este actúa como un marco metanormativo. El terreno de juego está establecido, las reglas permiten modificarse intertemporalmente y el juego varía en su forma y contenido periódicamente. Si el concepto de “realismo capitalista” se ha erigido hasta la fecha como el mejor modo de comprender la realidad del capitalismo, es porque su modo de hacerlo implica un desenlace ontológico.
El realismo es debido no a que la realidad sea dada por unos hechos objetivos e inmutables, sino que la realidad se adapta a los cambios mutables del capitalismo. Es el capitalismo el que dirige lo Real. Ahora bien, asumiendo ahora ese realismo inexorable, debemos pasar a comprender y conceptualizar ese dinamismo tan realista como inexorable.
2. CAPITALISMO NUMÉRICO: MÁS ALLÁ DEL REALISMO CAPITALISTA
El capitalismo se identifica con el deseo a un grado tal que resulta imposible imaginar que pueda ser superado, abordando desvergonzadamente cualquier impulso capaz de aportar más pulsión economizable a sus iniciativas productivas en multiplicación continua. Lo que sea que desees, el capitalismo es la manera más confiable de obtenerlo, a la vez que, mediante la absorción de toda fuente de dinamismo social, hace del cambio, el crecimiento e incluso el tiempo mismo componentes integrales de su marea siempre en ascenso (Land, 2019a, p. 272).
En El Anti Edipo, Deleuze y Guattari explicaron profundamente los cambios en las distintas realidades sociohistóricas a partir del concepto de socius. El socius implica el sustrato que rige la sociedad en un momento determinado de la historia, el motor de la máquina social. En un primer momento este fue la tierra como sustrato último de codificación de los social, posteriormente fue el déspota como figura que ordenaba y sobrecodificaba todos los flujos y, por último, el capital como principio que regula y conjuga axiomáticamente los flujos descodificados.6 A grandes rasgos, el socius implica la forma organizativa que opera y está inscrita en toda organización social.
Nos remite directamente a cómo la realidad social se inscribe sobre la realidad física, sobre el cuerpo lleno que insufla cierta sustancialidad a partir de sus determinaciones. Ahora bien, cuando Deleuze y Guattari trataron el concepto de socius la realidad cibernética todavía estaba en desarrollo y por cristalizar. Es por ello, que si para Deleuze y Guattari la tierra, el cuerpo sin órganos o la realidad material es la base inmanente a partir de la cual se construye lo trascendental que opera en la realidad, ahora debemos tener en cuenta otro dominio que podría enriquecer nuestra interpretación del capitalismo.
En 2016, la OTAN designó el ciberespacio como un nuevo dominio para las operaciones (Fuente, 2022, pp. 84-91). Es decir, al mismo nivel que la tierra, mar, aire y espacio. Es importante destacar esto, ya que, aunque el ciberespacio parece, a simple vista, una multiplicidad de datos, conexiones, programas e información, en realidad se configura como un nuevo ámbito de lo real, con todas las implicaciones que ello conlleva.
Resulta relevante puesto que conceptos como lo virtual y lo actual implican los procesos ontológicos más próximos al ciberespacio y que, a su vez, Deleuze acoge como partes consustanciales de su análisis de la realidad. Lo que queremos decir, es que lejos de que la virtualidad y la actualidad remitan simplemente a operaciones propias del ciberespacio —actualizar una página web, por ejemplo—, en realidad, estas operan ontológicamente también fuera de sus lindes.
La dicotomía virtual-actual lejos de negarse se complementa, puesto que ambas implican lo real. Lo virtual y lo actual son ambos modos de lo real, tal y como expone Pierre Lévy a este respecto:
Lo virtual, no se opone a lo real sino a lo actual. A diferencia de lo posible, estático y ya constituido, lo virtual viene a ser el conjunto problemático, el nudo de tendencias o de fuerzas que acompaña a una situación, un acontecimiento, un objeto o cualquier entidad y que reclama un proceso de resolución: la actualización (Lévy, 1999, p. 11).
Por este motivo, aunque el concepto de socius deleuzoguattariano siga siendo sincero, nos gustaría actualizarlo a tenor del progreso cibernético que pliega toda nuestra realidad social, ya que lo virtual y lo actual operan más allá de la cibernética, es más, se confunde en las interrelaciones de los procesos de inmanencia del capitalismo.
Es por ello, que el sistema capitalista lo podemos comprender a partir de ahora como un software. La realidad social funciona mediante este sistema operativo que controla e inmanentiza el hardware existente. Esto mismo podríamos decirlo con que el socius capitalista controla el cuerpo lleno de lo real.
Sin embargo, queremos reparar en el hecho de que en la actualidad las categorías de lo virtual y lo actual trascienden los cuerpos físicos, la mera tierra o el espacio, ya que ahora el ciberespacio también permea la realidad. Es por ello, que virtualmente la realidad se encuentra bajo la sistematicidad capitalista, como un software que se adhiere a la realidad física o hardware que constituye nuevos procesos de desterritorialización, reterritorialización y, por tanto, actualización del sistema.
El empleo de la dicotomía virtual-actual se torna indiferente a si su dirección es hacia el ciberespacio o hacia el espacio físico, puesto que ambos regímenes son parte de lo real y ambos regímenes se rigen por procesos de actualización de lo real en base a las virtualidades existentes.
A finales de los años noventa, Land ya atisbó que se estaba disolviendo esta barrera a partir de los avances mismos de la cibernética:
La dicotomía hardware/software sucumbe simultáneamente. La nanotécnica disuelve la materia en singularidades intensivas, neutrales a la hora de distinguir entre señales y partículas, e inmanentes a su inteligencia emergente; (…). «Incluso con un millón de bytes de almacenamiento, un ordenador nanomecánico podría caber en una caja del ancho de una micra, más o menos el tamaño de una bacteria» (Land, 2019a, p. 81).
Si tomamos el sistema capitalista como un software, como un proceso virtual que actualiza lo real, podemos comprender mejor que la realidad se adhiere a un mismo programa y que, a su vez, evoluciona a partir de los procesos internos que posibilitan las creaciones y destrucciones que lo empujan a actualizarse.
Esto nos remite al hecho de que en tanto que es un software ha sido instalado a través de las prácticas individuales y colectivas, de modo que potencialmente puede ser desinstalado y dar lugar a otro software. Podrá destruirse una esfera, una zona, un nodo, una cadena de suministros de información, podrán haber todo tipo de crisis que señalen los agujeros en el software, pero el software tratará de reactualizarse para continuar circulando sus flujos como sangre bombeando desde el núcleo del corazón-capital.
Como expresó Schumpeter, “el fin del capitalismo será por su propio éxito”. Sin embargo, como expresamos en anteriores capítulos, en este momento esto no debe ser objeto de nuestras cavilaciones porque no se corresponde con el estadio del capitalismo en el que nos encontramos.7
Retornando al problema que planteamos al comienzo de la investigación. El capitalismo tiene la capacidad irreversible de producir y actualizar estructuras, en un rango de acción y potencia que sobrepasa la capacidad de articular un concepto cualitativo que haga justicia a la realidad social sin quedar desactualizado rápidamente.
La saturación de acontecimientos es real, sobrepasa la conceptualización. Sin embargo, sí podemos esgrimir reflexivamente los parches que han sido puestos en cada actualización. Evitando la inflación conceptual que apunta a una realidad concreta, a una nomenclatura cualitativa, deberíamos pasar a una cuantitativa. A través de la numeración en base correlativa a estadios avanzados y más actualizados.
Todos aquellos, que sobresalgan en su novedad y capacidad de destruir y construir nuevos horizontes en el interior del sistema. Todos aquellos acontecimientos que sean lo suficientemente intensos como para derivar en adiciones y eliminaciones de prácticas deben ser capturados como hitos en la actualización de la lógica del sistema.
Más allá de que uno sea anticapitalista, postcapitalista, lo defienda o lo critique, debemos asumir ontológicamente la tesis del realismo capitalista de Fisher como una forma depurada de referirnos a nuestra realidad. Sin embargo, una vez asumimos el realismo capitalista. ¿Qué más nos queda para referirnos a las actualizaciones del capitalismo? ¿Posrealismo capitalista? ¿Metarealismo capitalista?
Debemos parar ya con esto. El esfuerzo intelectual termina convirtiéndose en una extensión paródica de lo mismo, patrocinada por reformulaciones y repeticiones de prefijos y adjetivos. Después del realismo no hay nada más que decir a este respecto, asumamos ese realismo y actualicemos sus condiciones a partir de los hitos que lo modifican.
Si echamos la vista a nuestra era, reparamos en que la informática y el ciberespacio están tan integrados en nosotros que no logramos discernir la frontera entre lo virtual-ciberespacial de lo virtual-espaciofísico. Ambos forman parte de lo real, no son distintos.
Bajo este supuesto, nos resultaría estúpido que un programa informático, un videojuego, un navegador, una red social, etc., cambiase completamente su nombre cada vez que tuviera una actualización. Sin embargo, su actualización deriva en un parche numerado que incluye una serie de nuevos atributos que antes carecería, y a su vez una eliminación total o parcial de ciertas funciones que antes se consideraron relevantes pero que ahora resultan inútiles u obsoletas.
Si somos realistas capitalistas veremos que realmente no hay nada más real con ello que marcar un serial en la actualización del software. Como el modelo de un nuevo iPhone, una nueva PlayStation, la nueva versión de Chat GPT o cualquier otro producto que imaginemos.
Resulta irónico si lo pensamos, ¿como el capitalismo iba a producir todo lo que produce y no se iba a producir a sí mismo? El único modo de capturar de un modo ordenado y coherente esa transmutación constante, es comprendiendo las capas que deja atrás como una serpiente muda de piel. Es la misma serpiente pero con distinta capa. No vamos a dejar de llamarla serpiente por ello.
Cada vez la mutación es más rápida e intensa. Sin embargo, el núcleo duro continúa siempre: la inmanencia, la axiomática y la desterritorialización y reterritorialización como los componentes de la esencia puramente flexible del sistema capitalista.
Land expone en este famoso fragmento la aceleración constante a partir de la tangente tecnocapitalista:
La cultura de la supresión regresiva converge con la singularidad terrestre del colapso y acelera a través de un paisaje adaptativo de tecnología digital, pasando por umbrales de compresión normalizados en una curva logística intensiva: 1500, 1756, 1884, 1948, 1980, 1996, 2004, 2008, 2010, 2011,… (Land, 2019a, p. 75).
Nosotros, vamos a transferir, añadir o transformar su tesis sobre la aceleración a partir de una tesis sobre la flexibilidad-expansión:
“La cultura de la flexibilidad progresiva converge con la singularidad terrestre del colapso y acelera a través de un paisaje adaptativo de tecnología digital, pasando por umbrales de expansión normalizados en una curva logística intensiva”.
La inmanencia en los procesos de despliegue realizan movimientos de desterritorialización que empujan los límites del sistema hacia nuevos cauces, todo ello para generar una ruptura en los procesos que han sido superados, siendo sustituidos por los nuevos que se expanden progresivamente mientras los otros se convierten en residuales.
Si no comenzamos desde ya a dejar de definir el capitalismo actual bajo el manto de un concepto cualitativo y parcial volveremos continuamente a ese desorden que espera irrevocablemente la oxidación conceptual.
Nuestra propuesta cuantitativa, frente a una propuesta cualitativa, implica comenzar a llamar al software que hemos descrito como: “Capitalismo 1.0”.
Evidentemente, esto no es debido a que el capitalismo comienza a partir de esta propuesta, sino que más bien es a partir de esta propuesta que podemos actualizarlo desde una metodología numérica. De lo contrario tendríamos que comenzar haciendo revisionismo histórico y determinar cada estadio anterior del capitalismo a qué número le corresponde.
A nuestro parecer, eso además de dificultar la tarea interpretativa, ignora los interesantes conceptos cualitativos que han dado forma a la comprensión del capitalismo en estadios menos avanzados, ya que nuestra propuesta no rechaza aquellos conceptos por su rigor teórico, sino que los considera farragosos y potencialmente inexactos por el paso del tiempo.
Ahora bien, el capitalismo numérico implica en su base el cambio del mismo, asume como central el cambio a la hora de comprender el funcionamiento del sistema, no entiende el capitalismo a través de los adjetivos que lo califican, sino que lo entiende a partir de los procesos que lo determinan.
El capitalismo numérico implica una metodología empírico-trascendental porque trata de asumir aquellos rasgos ontológicos del sistema sin desmarcarse de las determinaciones empíricas que lo hacen ser como es. Por este motivo, solamente si lo entendemos desde este punto de vista podremos asegurarnos de una comprensión que no se encierre en una perspectiva política, moralista o economicista.
Ahora bien, la propuesta teórica trata de resolver estos problemas al buscar trascender las deficiencias de las formas cualitativas de calificar al capitalismo. Todas ellas, necesariamente, son asignadas y relacionadas con un autor que dio luz a esa forma de llamar a nuestra realidad social.
Por nuestra parte, esto nos es totalmente irrelevante8, porque no pretendemos sellar una forma única en el modo de ser del capitalismo ni pretendemos que nuestra propuesta sea rígida en las determinaciones que le incumben y en las actualizaciones que propone.
La propuesta del capitalismo numérico pretende ser una flecha lanzada al futuro que otros recogerán. Si asumimos que el capitalismo continuará por tiempo indeterminado, debemos comprenderlo de forma determinada durante todo este tiempo. Forman parte de la cadena de actualización quienes asuman las determinaciones de este sistema y reflexionen sobre cómo continuará dicho proceso.
Periódicamente y de manera inevitable, mientras exista el capitalismo, surgirán nuevas versiones: 2.0, 3.0, 4.0…
En el terreno cibernético, hablamos de Web 2.0, Windows 95 (versión 4.0), Photoshop 5.0… Realmente el sistema de numeración de software a veces también incide en una estructura tripartita, por ejemplo, Minecraft 1.4.16.
Sin embargo, aunque dejamos abierta la posibilidad de generar actualizaciones tripartitas con cambios menores, creemos que es demasiado concreto para realizar una periodicidad adecuada. Consideramos que implementar numéricamente una serie seguida de “x.0” permite hacer los saltos numéricos de un modo más ordenado y generalizado, ya que sino volveríamos a adherir variantes constantes como “Capitalismo 2.2.4”, “Capitalismo 4.22.1”,…
En esos casos parecería que la serialización lejos de ayudar a comprender el estadio actual sería más bien confuso. Aún así, dejamos abierto el debate sobre la posibilidad de refinar el proceso de cuantificación.
Ahora bien, del mismo modo que se realizan actualizaciones a partir de sucesos que determinan cambios estructurales en las dinámicas internas del sistema, también estos cambios deben estar regidos por ciertos elementos que incidan sobre aquello realmente importante como para propulsar una actualización del sistema.
Consideramos, que el sistema capitalista en su inmanencia comprende ciertos regímenes que se identificarían como los dispositivos que propulsan el proceso de actualización. Dispositivos que, aunque pertenezcan a regímenes distintos, están implicados entre sí y muchas veces se repercuten de forma directa e indirecta.
La actualización podría inscribirse en un nuevo salto numérico en el momento en que los cambios estructurales en los distintos regímenes se diese de un modo realmente drástico. En ese caso podríamos llegar a asumir un momento de actualización del sistema.
Estos regímenes son cinco:
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Régimen científico-tecnológico: Agrega una serie de dispositivos técnicos y teóricos que modulan el sistema hasta el punto de romper con las dinámicas previas de forma drástica.
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Régimen cultural: Incide en las dinámicas cotidianas y hábitos, corrientes artísticas, tradiciones, y otros dispositivos dinámicos que se transgreden y conservan generacionalmente.
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Régimen económico: Resulta la fuente que organiza y asigna los recursos de modo tal que sostiene la riqueza o pobreza material de un sistema a partir de sus dinámicas internas de organización y creación de valor.
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Régimen político: Es el nodo a partir del cual el aparato estatal controla y programa la realidad social a partir de medidas que limitan e incentivan una serie de prácticas que regulan la organización de las sociedades.
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Régimen social: Representa el conjunto de dinámicas colectivas que se deslizan a partir de las interacciones entre individuos. Todo tipo de formaciones, tanto conflictivas como de cooperación social, son producto de las dinámicas individuales que a partir de su interconexión se tornan colectivas.
Cada uno de ellos, ordenados alfabéticamente, consideramos que inciden en un aspecto de la realidad social que es tan indispensable como determinante a la hora de empujar en una dirección a la hora de modificar y reestructurar la axiomática interna del capitalismo.
Consideramos que el capitalismo numérico tiene la ventaja de comprender la realidad capitalista como un conjunto de relaciones que interactúan en constante cambio. Nuestro modelo es un modelo dinámico, no tiene la intención de ser algo fijo, ni en sus presupuestos, ni en sus consecuencias.
En todo momento el modo de habilitar o deshabilitar funciones, de comprender y de explicar los procesos del sistema capitalista puede ser modificado del mismo modo que pueden ser modificadas las actualizaciones del propio sistema que se trata de explicar.
Al fin y al cabo, esta propuesta pretende sistematizar la fragmentación crónica de nuestro tiempo, una fragmentación que los modelos cualitativos tienden a tomando una parte como el todo.
Creemos que el capitalismo numérico es necesario, no porque el capitalismo sea para siempre, sino porque como todo software dependerá de la obsolescencia tecnológica que lo determine.
Mientras tanto, más allá del postcapitalismo que es ese nuevo “gran Otro” que ha sido puesto en el más allá de nuestras mentes, debemos pensar en el más acá que fundamenta nuestra realidad.
Por este motivo, llevar más allá el realismo capitalista dependerá de comprender el realismo del capitalismo a partir de la flexibilidad de su adhesión al cambio constante.
A partir del capitalismo numérico podemos calcular los cambios que se efectúan en el sistema y, de este modo, comprometernos con la dirección que toma la realidad más allá del desenlace utópico o distópico que virtualmente llegue a realizarse.
3. CONCLUSIÓN: NO, NO ES EL FIN DE LA HISTORIA, PERO TAMPOCO HAY ALTERNATIVA
Nuestra propuesta teórica puede resumirse en una síntesis o contestación a dos de las grandes propuestas de las últimas décadas, la de Fukuyama y la de Fisher. Efectivamente, creemos que el capitalismo no es el fin de la historia, ya que la historia no depende del capitalismo, ha habido historia sin capitalismo antes y puede haberla después. Del mismo modo que consideramos absurdo pensar en un postcapitalismo utópico, pensamos absurdo creer en la permanencia del capitalismo por todos los medios. En realidad, el capitalismo potencialmente tiene la capacidad de permanecer por su modo de adaptarse al cambio, pero no podemos asegurar que estadios avanzados del capitalismo terminen no configurando algo distinto a sí mismo. Porque, aunque el capitalismo implica la adaptación y el cambio, no tenemos una certeza a priori de que la adaptación algún día transmute en algo distinto a partir del cambio, que su propio proceso encadene otro proceso distinto a partir de sus hitos o de sus ruinas.
Por otro lado, tampoco nos podemos emocionar. No, no hay alternativa. Si por alternativa pensamos que las cosas van a cambiar a la vuelta de la esquina, no. Si por alternativa pensamos que algún día el capitalismo terminará, sí, es bastante probable. Pero lejos de parecer eso una alternativa es más bien un proceso intergeneracional de esperar a Godot. Antes nos llegará la muerte que sabremos cómo, cuándo, por qué y a costa de qué cambiará el capitalismo. Lo molesto realmente del deseo postcapitalista no es el postcapitalismo, es el deseo del mismo. Una alternativa se fundamenta en el decidir entre A, B, C, D,… Pero cuando no puedes decidir, no hay alternativa.
Por estos motivos, tener un deseo postcapitalista es tener un deseo por algo que no depende de ti, un deseo impotente, ya hablamos anteriormente de la falacia voluntarista. Por mucho que lo deseemos no podemos cambiar la realidad ex nihilo, desatendiendo los motivos que la sostienen y presuponiendo que necesariamente el cambio deba ser para mejor.
Por los motivos que hemos considerado a lo largo del ensayo, creemos que el realismo capitalista debe transformarse en capitalismo numérico para clausurarse a sí mismo y comenzar una era de calificación “postcualitativa”9, y comenzar con una calificación cuantitativa. De este modo no solo alcanzaremos mayor comprensión de nuestra realidad social en términos conceptuales, sino a nivel teórico asumiremos el modo en el que nuestra realidad social opera.
Como mencionamos durante la investigación, uno de los problemas fundamentales de llamar de diferentes formas al status quo radica en la no aceptación del mismo, ya que este se sostiene precisamente en la flexibilidad y el cambio. Es un ejercicio intelectual honesto comprender la realidad que se ha estado fraguando, se está fraguando y se continuará fraguando aceptando las determinaciones que se imponen ontológicamente.
Ahora bien, tras esa aceptación cada uno puede interpretar lo que desee y lo que le sugiera. Puede ser un primer paso para imaginar un tecno-socialismo, un comunismo futurista o un postcapitalismo. Del mismo modo que también puede ser fuente para imaginar un futuro postestatal, anarcocapitalista o minarquista.
Realmente no nos interesa en nuestra propuesta debatir las bondades o maldades políticas y morales del capitalismo y de sus futuros próximos o lejanos. Lo que nos interesa es comprender su funcionamiento para poder interpretar sus modos de acción, sus actualizaciones, sus retrocesos, sus evoluciones, sus creaciones, sus destrucciones y sus constantes movimientos en la dirección del cambio.
Como expresaron Nick Srnicek y Alex Williams, como adaptación a la famosa frase de Spinoza en su Manifiesto por una Política Aceleracionista, “no sabemos lo que un cuerpo tecno-social moderno puede hacer” (Srnicek y Williams, 2017, p. 41). Es cierto, no lo sabemos, pero tampoco debemos olvidar la persistencia del conatus del capitalismo, es decir, el esfuerzo del capitalismo por perseverar en su ser.
Bibliografía
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Fisher, M. (2018). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? Caja Negra.
-
Fukuyama, F. (1992). The end of history and the last man. Free Press.
-
Land, N. (2019a). Fanged Noumena (Vol. 1; R. Mackay & R. Brassier, Eds.; R. Sanchiz, Trad.). Editorial Holobionte.
-
Spinoza, B. de. (1988). Ética demostrada según el orden geométrico (V. Peña, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1677).
-
Srnicek, N., & Williams, A. (2017). Manifiesto por una política aceleracionista. En A. Avanessian & M. Reis (Eds.), Aceleracionismo: Estrategias para una transición hacia el postcapitalismo (pp. 33–48). Caja Negra.
Footnotes
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“El humor negro de Marx, la fuente del Capital, radica en su fascinación por semejante máquina: cómo ha podido montarse eso, sobre qué fondo de descodificación y de desterritorialización, cómo funciona, siempre más descodificado, siempre más desterritorializado, cómo funciona eso siendo tanto más duro por la axiomática, por la conjugación de los flujos, cómo produce la terrible clase única de los buenos hombres grises que mantienen la máquina, cómo no corre el riesgo de morir completamente solo, en vez de hacernos morir, al suscitar hasta el final catexis de deseo que ni siquiera pasan por una ideología engañosa y subjetiva y nos hacen gritar hasta el final ¡Viva el capital en su realidad, en su disimulación objetiva!” (Deleuze y Guattari, 2010, pp. 383-384). ↩
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“El capitalismo supo interpretar para su provecho el principio general según el cual las cosas sólo marchan bien con la condición de estropearse, la crisis como “medio inmanente al modo de producción capitalista” (Deleuze y Guattari, 2010, p. 238). ↩
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“La mayoría de los auto-respetados críticos del capitalismo se mantienen felizmente ignorantes de su “ciencia económica”, tanto de la neoclásica como de la marxista. Saben poco de las historias, preguntas y desafíos propios de estas teorías, y desconocen sus victorias, contradicciones y fracasos. Esta inocencia es ciertamente liberadora. Permite a los críticos producir un “discurso crítico” plagado de clichés copia-y-pega, ambigüedades y a menudo sinsentidos. Rara vez sus críticas nos dicen algo importante sobre las fuerzas del capitalismo contemporáneo, mucho menos sobre cómo esas fuerzas deben ser investigadas, comprendidas y transformadas” (Bichler y Nitzan, 2018, p. 4). ↩
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Del mismo modo que Heidegger incide en reflexionar acerca de la esencia de la técnica, el economista debería preguntarse acerca de la esencia del capitalismo, ya que el capitalismo no deja de ser también un tipo de tecnología social. Dice Heidegger sobre la técnica: “Dispuesto significa el modo del desocultar que impera en la esencia de la técnica moderna y que él mismo no es nada técnico. A lo técnico, por el contrario, pertenece todo lo que nosotros conocemos como varillajes, rodamientos, andamios, y demás componentes de lo que se llama montaje. Sin embargo, éste cae, junto con los mencionados componentes, en el recinto del trabajo técnico, que siempre y sólo corresponde a la provocación de lo dispuesto, pero que nunca constituye o hace a este mismo” (Heidegger, 2007, p. 130). ↩
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“Preguntamos por la técnica y hemos llegado a la αλήθεια, al desocultar. ¿Qué tiene que ver la técnica con el desocultar? Respuesta: Todo. Pues, en el desocultarse se funda todo pro-ducir” (Heidegger, 2007, p. 120). ↩
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“Diría que es otro dominio, es como si fuera una suerte de gran, de inmensa conjugación generalizada de los flujos descodificados. Hemos rebasado las conjunciones tópicas y cualificadas para entrar en una especie de conjugación de los flujos descodificados como tales” (Deleuze, 2023, p. 234). ↩
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Si realmente el capitalismo se destruye, será porque algo sumamente poderoso lo hará trascender, puesto que antes que devorarse a sí mismo será su propia condición la que le haga modificarse a algo de un régimen superior en interconexión, inmanencia y control sobre lo real. ↩
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El nombre de quien escribe este texto podría ser enterrado como el de Dionisio el Exiguo, el inventor de la datación de a.C./d.C., o el de Sosígenes de Alejandría al ordenar en su momento el calendario juliano dividiéndolo en 365 días, 12 meses y cada 4 años uno bisiesto. Nadie se acuerda de ellos más que como una curiosidad histórica. ↩
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Utilicé “post-” irónicamente para señalar el hecho de que deberíamos dejar ya de lado la manía de emplear prefijos y adjetivos a todo contexto que nos envuelve. Tal vez debamos comenzar a emplear una “aritmética trascendental” como teorizó en algunos de sus escritos Nick Land. ↩
Material audiovisual asociado a este expediente.
Capitalismo numérico
Líneas de Fuga II · Universitat de València